Aquí, diseñándome un empleo

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos quienes nos dedicamos a alguna industria creativa es el iniciar nuestro propio negocio y (sobre) vivir de él. Hoy hablaré de mi experiencia con el diseño porque es lo que conozco y lo que soy, aunque este saco es unitalla y muchos profesionales de otras áreas se lo podrán poner.

Comenzaré mencionando lo que para mí es el ciclo de vida del diseñador promedio en México: naces, creces, estudias diseño, limbo profesional, primer empleo, freelanceas, fracasas, freelanceas, vives de lo que amas, mueres feliz. La segunda parte es mi versión corregida con lo que quiero hacer y la razón por la que escribo esto.

Al salir de la universidad y encontrarme con empresas que no me contrataban por mi falta de experiencia, comencé a considerar la posibilidad de trabajar por mi cuenta y obtener la experiencia que tanto me pedían en las empresas grandes a las que aspiraba. Fue la primera vez que obtuve un beneficio del trabajo independiente sin aún tenerlo: me contraté a mí misma, lo cual para mi familia (y en un principio para mi bolsillo) era igual a estar desempleada.

Sin embargo mientras mi alma freelance vagaba aún en el limbo profesional por el que muchos pasamos al terminar la carrera y antes de encontrar nuestro primer empleo, me topé con muchos profesionales independientes que tenían éxito trabajando solos y me pregunté cómo habían llegado a eso; sin haber obtenido respuesta en ese momento, me dispuse a intentarlo.

Una vez habiendo decidido ser profesional independiente, necesité una primera inversión: compromiso.

Comencé a notar que la mayoría de los diseñadores exitosos en la actualidad tienen bien desarrollados la disciplina y la constancia, además de un conjunto de habilidades que no precisamente enseñan en la universidad y van desde las relaciones públicas hasta ser tu propia secretaria y community manager.

“Pero yo solo quiero diseñar, es lo único que sé hacer”

Con lo anterior concluí que mi primer proyecto como diseñadora independiente sería diseñarme un empleo de diseñadora independiente, sí; con todo lo que eso implica (llamadas telefónicas, conseguir clientes, vender, cometer errores, resolver problemas técnicos, publicitarme, hacer malabares, etc.) y si con todo esto irónicamente no me quedaba tiempo para diseñar tendría que convertirme en una emprendedora del diseño de tiempo completo, en una superprofesional: viviría, comería, respiraría y dormiría diseño.

Hoy comprendo que el diseñador necesita conocer e involucrarse con otras áreas profesionales; necesita actualizarse, leer blogs, libros y revistas, saber de marketing, negocios y hasta sociología; ser músico, poeta, loco y arquitecto de su propio destino. Pero no hay que confundirnos, eso no significa hacerlo todo y mucho menos saberlo todo. El truco está en saber quiénes saben e intercambiar ideas con ellos; es aquí cuando aparece el concepto “colaboración”.

La necesidad de colaborar y de encontrar quien pudiera aportar lo que le hacía falta a mi proyecto me llevó a conocer el coworking y posteriormente me sorprendí al saber que existen espacios de trabajo compartido en los que se fomenta el espacio comunitario y multidisciplinario y el networking. Justo lo que necesitaba.

Independientemente de los espacios de coworking, muchos profesionales están compartiendo sus experiencias y habilidades en blogs, Twitter, Facebook y son cada vez más abiertos al trabajo colaborativo. Ahora es más fácil que nunca poder conectar con otros profesionales  y pedir opiniones, críticas o consejos; el compartir e intercambiar impresiones con otras profesiones está haciendo crecer a la comunidad del diseño y por ende al diseñador. Y eso es algo que los espacios de coworking facilitan.

Mi proyecto de diseño continúa desarrollándose y en esa experimentación soy mi propio conejillo de indias, por ahora no puedo decir qué sigue; mientras lo averiguo usaré el coworking para hacer crecer mi proyecto y crecer colaborando con proyectos afines al mío.

Como diseñadora independiente puedo decir que hay muchas posibilidades para el diseñador de hoy. Lo más importante es hacer lo que nos gusta con inteligencia y no cerrarnos a las posibilidades que las nuevas formas de trabajar nos ofrecen.

No esperemos a “saberlo todo” y a “estar listos” para comenzar, ese momento nunca llegará. El miedo es la piedra angular del éxito y es bueno que exista siempre y cuando sepamos usarlo a nuestro favor.

Por último cerraré con una frase que me encontré en uno de esos blogs que una termina leyendo en su afán de ver videos de gatitos o viceversa:

“Screw it, let’s do it.” – Sir Richard Branson.

Diana Cuevas | NEVERMIND

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