El miedo, enemigo del emprendedor

El miedo es uno de los sentimientos primigenios más arraigados y útiles para los seres vivos,  sobre todo para el hombre. Es esa  sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. Nos ha ayudado a sobrevivir y sortear todo tipo de adversidades todos estos años, desde nuestro pariente lejano,  el Australophitecus, hasta el Homo Sapiens Sapiens.  Incluso  hoy en día, no hay una sola persona en el mundo que pueda decir que nunca ha experimentado el miedo, un miedo frío y paralizante que no te permite moverte,  literal o figurativamente.  Y no hablo de miedo a algún tipo de espanto o fantasma, a la oscuridad, etc. (Aunque son perfectamente válidos).  Pero el miedo a comenzar un proyecto  nuevo, miedo a dejar ir personas nocivas de tu vida, a dejar la zona de confort, ése es el miedo más perjudicial para todos nosotros,  porque nos limita, nos mantiene pequeños y frágiles. A merced del mundo.

“Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente”

-Peter Drucker.

Emprender hoy en día, soñando con que nuestra idea nos hará famosos y millonarios, es bastante común en el imaginario colectivo, todos quisiéramos ser nuestro propio jefe en una empresa multimillonaria y no tener que preocuparnos nunca más por el dinero y todos los problemas que vienen con la falta de este; sin embargo, podemos llegar a desanimarnos, ya que pensamos que ya todo en este mundo está inventado, que no podemos innovar y explotar nuevos horizontes. Les tengo una noticia. No existe la innovación, el hilo negro ya fue descubierto hace cientos de años, todo lo que conocemos es el refrito del refrito de otro producto o servicio, pero para llegar a ese nivel, alguien tuvo que tomarse el tiempo de ver las fallas del mismo y cómo mejorarlas, así como darle un toque único para diferenciarlo de su competencia. Eso es innovación.

Como emprendedor, el éxito o fracaso de la empresa, consiste en la capacidad de manejar  desafíos, buscar un hueco o deficiencia en algún mercado y atacar, una y otra vez hasta tener éxito. La superación de la duda y el miedo son los mayores desafíos que se van a encontrar en el camino, de ellos depende si la pequeña empresa se queda así, pequeña  o despega y se convierte en el corporativo exitoso que queríamos desde el principio.  El truco es sentir el miedo, pero actuar de todas formas.

Una meta clara y ganas de salir adelante (además de mucha paciencia), es todo lo que se necesita para comenzar esta aventura, de la cual no sabemos como terminará, pero basta con hablar a un par de amigos igual de locos, platicarles la idea  y juntar las habilidades de todos para tener un excelente comienzo.  Hacerlo solo también funciona, pero siempre es mejor el apoyo moral de “los compas”  y 2 o más cabezas piensan mejor que una. Solo tenemos que recordar  todo el tiempo que el miedo es una reacción natural frente a lo desconocido, pero no debe convertirse en un obstáculo para iniciar un emprendimiento propio y alcanzar tus metas.

Si lo queremos es comenzar de una manera planeada y estratégica, minimizando todos los riesgos posibles, (que es lo más recomendado)  debemos de realizar una investigación de mercado la cual ayudará a  reducir la incertidumbre, y por ende, a superar el temor inicial respecto al riesgo. Para ello, es muy importante identificar la posible demanda de sus productos o servicios, a sus posibles clientes potenciales y a sus competidores más directos. No solo es cuestión de ir a caminar por el barrio y cuantificar los negocios a los cuales queremos hacer la competencia, o sobre  los cuales nos estamos basando para innovar, sino en realizar encuestas a los vecinos, clientes, tener un buen plan de negocios etc.

Una vez superado el miedo y ansiedad inicial, ya tenemos el 50% del camino recorrido,  solo es cuestión de seguir avanzando a pesar de todas las críticas, burlas, tropiezos, rodearse de la gente indicada y  tomar solo lo positivo de las personas que nos rodean.  El miedo siempre estará ahí a la vuelta de la esquina, cual ladrón de sueños, esperando el momento en que bajemos la guardia y nos  haga dudar de donde estamos y hacia dónde vamos.

Y ante todo este discurso motivacional, que muchas veces hemos aplicado con algún amigo, dando los mejores consejos para las demás personas y sin aplicarlo la vida personal,  se preguntarán quién soy yo para darles consejos de emprendimiento, que a mis 27 años aún soy presa del miedo y la ansiedad  pre-enterpreneur, (sí, acabo de inventar esa palabra),  pero esta pequeña entrada al blog, servirá como self-therapy y como el primer paso para entender qué es lo que estoy haciendo mal y dar ese salto de fe. Espero les sirva a ustedes también.

Recuerden, arriesgarse toma un segundo, el arrepentimiento dura una eternidad.

Juan Pablo Vargas Lemus | NEVERMIND

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