Emprendedor, ¿naces o te haces?

¿Qué prisa tiene el tiempo? Parece ayer que estábamos celebrando con música, besos y abrazos la llegada del 2013. Y sin embargo, ya estamos a la mitad de Julio y con la llegada de este mes cumplo mi tercer año como emprendedor. Para mí, los aniversarios siempre llegan con un aire de melancolía y de reflexión. Son el momento idóneo para bajar las revoluciones y sentarse un rato a pensar en lo vivido y lo aprendido. Casi como coincidencia, el mes pasado tuvimos la tercera edición del evento Cacarea tu Huevo en las instalaciones de Nevermind. El enfoque fue en los emprendedores, lo que significa ser uno y los retos a los que se enfrentan día a día. Así que sin querer éste tema lleva dando vueltas en mi cabeza por un rato y que mejor manera de celebrar mi tercer año que con algunas reflexiones.

A primera vista, mi vida de emprendedor inicio en Julio del 2010 cuando dejé mi trabajo como Director de Planeación Estratégica en una agencia de publicidad para lanzar mi propio negocio de consultoría en desarrollo organizacional. Después de casi 15 años trabajando para grandes empresas transnacionales y agencias de publicidad, finalmente me lancé como emprendedor. Sin embargo, pensándolo mejor, yo soy emprendedor desde mucho antes. Mi primer «negocio» fue antes de los 8 años cuando le compraba telas a mi abuelo y se las vendía a las amigas de mi mamá. Mi hermano y yo poníamos una mesa de exhibición en la sala cuando las amigas de mi mamá venían a jugar cartas o tomar café. Cuando mi abuelo dejó el negocio de las telas y se fue a vivir fuera del país, mi primera empresa cerró. Pero no fue mucho después que empecé con un nuevo proyecto. A los 10 años le vendía pan de miel, niño envuelto y jocoque a más de 10 tiendas de abarrotes cerca de mi casa. Los hacía yo mismo en la cocina de mi mamá y los distribuía en bicicleta. No me acuerdo cuanto duro ese negocio o en que «invertí» el dinero, pero ese negocio me enseñó mucho. El último negocio, y el más rentable según recuerdo, fue el de arreglar series de Navidad. Es probable que algunos de ustedes no se acuerdan o no lo vivieron, pero antes las series de navidad eran un lujo. Antes de China y Walmart, las series navideñas eran una inversión significante en la decoración de navidad y se guardaban año tras año. Afortunadamente para mi, en el quitar y poner de las series, sobraban las que se descomponían o se les fundían focos. Noviembre y Diciembre eran muy buenos para mi, tanto que podía comprar regalos de Navidad a mis 6 hermanos y a mis papás. En este negocio aprendí el concepto de la estacionalidad en ventas. Desgraciadamente, aprendí el concepto del ahorro mucho más tarde.

Tras reflexionar en todas estas experiencias hay un par de preguntas obligadas. ¿Qué fue de aquél niño emprendedor? ¿Por qué tarde más de 20 años en volver a emprender algo? Afortunadamente, parte de ese tiempo se fue en estudiar y prepararme, pero lo que pasó fue algo común y corriente: conseguí un empleo. Saliendo de la carrera me fui a la Ciudad de México a trabajar para Procter & Gamble. Era un gran trabajo. Apenas con unas semanas fuera de la universidad ya trabajaba en una de las empresas más exitosas a nivel mundial. Ganaba muy bien desde el principio y en menos de un año ya estaba ganando casi el doble. Empecé a viajar y a conocer personas de otras partes del mundo. El trabajo era divertido, dinámico y estaba aprendiendo mucho. Tenía un buen grupo de amigos y la vida en el Distrito Federal era muy divertida. Bebí de la «poción mágica» del mundo corporativo y ahí enfoque mi carrera. Sin embargo, el mundo del empleado corporativo, cuando tienes éxito, tiene una gran paradoja. Conforme escalas los peldaños cada uno viene acompañado de un «nivel de vida». Con un salario que crece periódicamente, bonos por desempeño y responsabilidades cada vez mayores, lo que se deja atrás, no sólo del punto de vista económico sino de estatus y poder, se percibe como demasiado. Seducidos por un falso sentido de seguridad, estabilidad y control, entregamos nuestra creatividad, ideas, energía y pasión a la empresa. Y muchas veces, nuestros sueños. Vives en un mundo donde mientras más exitoso eres, más miedoso te vuelves.

Dar el paso definitivo no fue fácil. De hecho, tres años después de haberlo dado sigue sin serlo. La vida del emprendedor tiene muchos retos, aunque también muchas satisfacciones. Hasta ahora ha sido una aventura y experiencia que no cambiaría por nada, a pesar del precio que se tiene que pagar. Aquí les comparto algunas de mis conclusiones y aprendizajes hasta ahora:

NACEMOS EMPRENDEDORES Y EL «SISTEMA» NOS LO QUITA.  Es ahora que me doy cuenta que yo nací emprendedor y fue el «sistema» el que me lo quitó. O mejor dicho, dejé que me lo quitara. Es muy fácil cambiar la innovación por los procesos, la creatividad por la estabilidad y la grandeza por la seguridad. Es humano. Podemos culpar a nuestro instinto de conservación de ello. Pero una vez que entramos en la ilusión del control y el confort del status-quo dejamos de ser curiosos, de aprender, de crecer y por consecuencia de vivir.

NO TE LAMENTES. TODAS LAS EXPERIENCIAS SIRVEN, ÚSALAS A TÚ FAVOR.  No sería la misma persona que soy ahora si no fuera por todas las experiencias pasadas que me han ayudado a llegar al punto en el que estoy ahora. Como dicen coloquialmente, el hubiera no existe. Todo lo vivido te suma a la experiencia de vida. El truco está en saber sacar el aprendizaje de cada una de las cosas vividas. Dejar que las experiencias pasadas informen tu conocimiento y te ayuden a formar un mejor criterio. Pon mayor atención a las experiencias malas y a las cosas que no sucedieron como esperabas. Son de las que más vas a aprender.

SI TRAZAS BIEN TU NORTE, TE PODRÁS DESVIAR, PERO DIFÍCILMENTE TE PERDERÁS. Algo de lo que más me ayudo a dar el paso final fue que nunca perdí de vista mi norte. Bueno, a decir verdad, si lo perdí de vista algunas veces, pero nunca lo olvidé. En la vida, es normal que haya desviaciones que te van a llevar fuera del camino. Muchas veces nos dejamos seducir por el camino fácil. También tus circunstancias y tú contexto cambiarán por lo que será necesario ajustar y adaptarse. Pero esos deben ser cambios temporales o ajustes. Si defines bien hacia donde quieres ir y estás convencido de ello, será mucho más difícil que te pierdas en el camino.

En resumen, pienso que la mayoría nacemos emprendedores. Pero emprendedores en potencia. La creatividad, la curiosidad y el ingenio son básicos para un emprendedor exitoso. ¿Y qué crees? Ya las traemos desde pequeños. Las usamos para aprender de niños y sobrevivir en un mundo de adultos. El problema está en que una vez que nos convertimos en adultos las olvidamos. Sin embargo, nacer con habilidades de emprendedor no te garantiza que lo vayas a ser. Por eso somos emprendedores en potencia. Hay que trabajar duro en desarrollar otras habilidades que se necesitan para ser un emprendedor exitoso. La tolerancia a la frustración, la disciplina y el pensamiento estratégico son algunas que se me vienen a la mente. Pero lo más importante que vas a tener que hacer es vencer es el miedo al fracaso. Como emprendedor vas a vivir en la orilla de un precipicio la mayor parte del tiempo. Ahí, donde cada paso puede hacer la diferencia entre el fracaso y el éxito. Mi sugerencia: Ponte cómodo.

Patricio Ramal | NEVERMIND

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